¿POR QUÉ TUS DISCÍPULOS NO AYUNAN?
En las Sagradas Escrituras, encontramos la instrucción para ayunar. El ayuno es una abstinencia parcial o total de alimentos y bebidas durante un período de tiempo determinado, con el propósito de acercarse a Dios y buscar su favor. Sin embargo, en el relato bíblico de Mateo, los discípulos de Jesús se enfrentan a una pregunta desconcertante: "¿Por qué tus discípulos no ayunan?" (Mateo 9:14).
El Contexto del Ayuno en la Época de Jesús
Para comprender la pregunta planteada a Jesús, es necesario entender el contexto cultural y religioso de la época.
–Ayuno Judío: El ayuno era una práctica común entre los judíos, tanto como un acto de devoción personal como un medio para demostrar arrepentimiento y buscar el favor divino.
–Ayuno Fariseo: Los fariseos, un grupo religioso influyente en ese momento, ayunaban con frecuencia y lo hacían de manera pública para mostrar su piedad y superioridad moral.
–Jesús y el Ayuno: Jesús ayunó en diferentes ocasiones, pero no lo hacía de manera ostentoso o para llamar la atención. Su ayuno era una práctica privada entre él y Dios.
La Respuesta de Jesús
En su respuesta a la pregunta sobre el ayuno, Jesús hace referencia a un tiempo futuro cuando él, el Esposo, no estará presente con sus discípulos y entonces será apropiado que ayunen (Mateo 9:15).
Los Principios del Ayuno en la Enseñanza de Jesús
–Ayuno Bíblico: Jesús enfatiza la importancia del ayuno bíblico, que se realiza en secreto y no para impresionar a los demás (Mateo 6:16-18).
–Sin Hipocresía: Jesús advierte contra el ayuno hipócrita, que se realiza con el propósito de ser visto y admirado por los demás (Mateo 6:16).
–Actitud Correcta: El ayuno no debe ser una carga o una obligación, sino una forma de acercarse a Dios con un corazón sincero y humilde (Mateo 6:17-18).
–Ayuno y Oración: Jesús vincula el ayuno con la oración, destacando que ambos son herramientas poderosas para buscar la intervención divina (Mateo 17:21).
Conclusión: El Ayuno y la Relación con Dios
El ayuno no es un requisito para la salvación ni una medida de espiritualidad, pero es una práctica que puede profundizar nuestra relación con Dios. Es un acto deliberado de sacrificio, en el que apartamos tiempo y energía para buscar su presencia y su dirección.